CONCIERTO DE CONTRARIOS. Reseña por José Antonio Santano


Son muchas las voces en el panorama actual de la poesía española. Tal vez esa natural circunstancia se engrandece por la particularidad de cada una de esas individualidades. Lo que nos plantea siempre el hecho concreto de la cantidad frente a la calidad. Son muchas las publicaciones de poesía que llegan a las librerías a lo largo de todo un año, pero no tantas las que consiguen atraer al verdadero lector de poesía, y menos aún, a la crítica. Sabemos que no es fácil este viaje y que sólo algunos lo concluyen con éxito en su sentido más amplio. El poemario que hoy analizamos en esta sección mantiene el pulso poético desde la primera a la última página, y la voz del poeta, por tanto, está presente como una luz guiadora. “Concierto de contrarios”, del poeta alicantino Juan Ramón Torregrosa (Guardamar del Segura, 1955) es el libro elegido para esta ocasión.

 A este hay que sumar otros como “Sol de siesta”, “Sombras del olvido”, “La soledad siguiendo” y Cancela insomne”. En honor a la verdad hay que decir que “Concierto de contrarios” es un libro de madurez, en el cual el poeta presenta, a través de distintos pórticos, experiencia y conocimiento, reflexión continuada sobre la vida, que no es sino el juego de los opuestos, de las contradicciones, de los contrarios: vida y muerte, tristezas y alegrías, amor y odio, desde una mirada puramente humana, y por ende, poética, que trasciende la propia realidad. En ese “Concierto de contrarios” Torregrosa mide con milimétrica exactitud su mirada, que no es sino la razón de ser del hombre frente al mundo. El poeta sabe bien que el único instrumento que conoce para revelar y rebelarse es el lenguaje, la palabra como razón última del conocimiento al servicio de la emoción, de esa capacidad para cambiar y transformar la vida misma. Y en estas nos encontramos con un poeta de mirada limpia, abarcadora, que se aplica en los detalles para conformar un universo donde el hombre sea el centro. Detiene el tiempo el poeta, se abstrae después de contemplar la vida en derredor suyo hasta alcanzar una voz plena y distinta, original. El poeta no puede desasirse del hombre que lo habita y en ese contexto vuelve a los orígenes, a su entorno natural y constatar, desde la experiencia de la contemplación que va más allá de la simple mirada, esos mundos secretos que la propia Naturaleza nos descubre. De esto trata precisamente la primera parte del libro, de la Naturaleza, y que titula “Sucesión de los días”. 

Sean una prueba fehaciente de lo dicho estos versos del poema “Después de la tormenta: «Ocurrió todo de repente / y, repentinamente, cesó todo. // Ahora recuerdo / suena lejano y solo un aire / más cristalino y un aroma / que impregna de matices la mirada / te dice que no fue sueño y pasó. // Tal es la magia, el imprevisto encanto, / de la calma después de la tormenta». El juego de los opuestos, la serena mirada del poeta que ahonda en lo insondable, la fuerza de la plenitud léxica, de la profunda reflexión: «La partícula más imperceptible / forma parte de un todo, / y ese todo / nunca sería el mismo, / nos consuela pensar, / sin la nada que somos». En la segunda parte del libro, “La piedra y la palabra”, el poeta, contraponiendo el silencio de la piedra al sonido de la palabra, nos dice en su poema “Templo en ruinas”: «De todo cuanto vida fue y belleza / qué poco permanece. // Solo la voz, / la palabra intangible, fugitiva, / infunde vida y forma / a lo que en su nombras de nuevo existe». No cesa Torregrosa en infundir solidez al verso a través de la imágenes y la fuerza del lenguaje. En “Voces y gestos” resume su propuesta poética sobre los opuestos, siempre desde la armonía de la palabra escrita, como así lo dice en “Contienda”: «Todo cuanto hay y existe / fue concebido a modo de contienda; / los animales / unos a otros se temen y persiguen, / los vientos se hacen guerra sin cuartel, / la tierra tiembla, el mar nunca se está quieto, / la llama arde y los cuatro de continuo / contra nosotros luchan». 

Al poeta le asiste esa incertidumbre de lo humano, una cierta desesperanza ante la realidad vivida y así lo muestra una vez y otra en “Concierto de contrarios”. En el cuarto bloque poético, “La luz desde la sombra”, el tema tratado es el tiempo en ese concepto referido a la fugacidad de la vida frente a lo permanente, el pasado y el futuro, lo que fue y lo que será: «Huyó también / la hora precisa, la inocencia, / el abrazo ofrecido, el abandono. // Solo queda el vacío, el desvarío, / la sangre que a escondidas / busca su origen: la belleza / sumisa, silenciosa, los espejos / de agua, las algas ciegas». El poeta nos ofrece un último poema “Dos vidas”, como resumen y conclusión de todo lo dicho anteriormente, y que viene a confirmar la grandeza de su poesía: «Amas la vida retirada, vida / que se nutre de paz y no malgasta / las horas en labores infecundas. (…) Amas también la vida activa, vida / digna de elogio, distinción y fama / si plena de invenciones y virtudes. (…) Ambas buscas y en lucha permanente / las dos en ti conviven y combaten: / la vida activa que a la acción de empuja, / la vida ociosa que la paz te ofrece». Como dice su prologuista, Fernando Parra, la poesía de Torregrosa es «Un acto de amor. A la poesía y a la vida. Y, como tal, un “Concierto de contrarios”. Afortunadamente».


Título: Concierto de contrarios
Autor: Juan Ramón Torregrosa
Ediciones:Entornográfico (Granada, 2017)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.