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21 may. 2018

LA CASA DE LA ALMEDINA


SALÓN DE LECTURA ________________________ José Antonio Santano

LA CASA DE LA ALMEDINA

LA CASA DE LA ALMEDINA
Ocurre con frecuencia que cuanto más cerca tenemos las cosas menos las valoramos. Es inexplicable, o tal vez no, que todo se trate de esa enfermedad tan española de despreciar lo nuestro, de ser incapaces de reconocer la valía de las cosas materiales y de las personas que nos rodean, consecuencia de ese defecto tan español también que es la envidia, amén de otro que campea a sus anchas como es la falta de curiosidad, que deviene en ignorancia supina. Y claro, cuando todo esto lo mezclamos en la coctelera de la vida el resultado es una bomba de relojería que en cualquier momento nos puede estallar sin más. El abandono del pensamiento y las ideas, desentenderse de lo que es natural y nos afecta a todos como seres humanos no puede traer sino terribles consecuencias. Por ello un simple libro puede ser a veces nuestra salvación, si no definitiva, sí temporal, devolviéndonos así de nuevo la esperanza en la capacidad del hombre para transformar el mundo. Y exactamente eso ocurre cuando cae en nuestras manos un libro como “La casa de la Almedina”, de Alfonso Berlanga Reyes. Un poemario que aúna estética y ética, que bebe de la más grande tradición poética universal para expresar con un estilo inconfundible en la voz de Berlanga tanto la cotidianidad como la profunda reflexión que va de la metafísica a la filosofía, incluso de la mística cristiana a la sufí. Estética y ética, porque la poesía es belleza en sí misma, «conocimiento en tanto percepción de emociones vivida de modo particular», como así dijera Carlos Bousoño; también ética como actitud ante la vida y los comportamientos humanos, discernimiento entre los conceptos antagónicos del bien y el mal. “La casa de la Almedina” corrobora una vez más (Berlanga ya lo hizo en su anterior poemario “Son aymara”) la fuerza de la palabra como único sostén de la poesía, sin olvidar que su máxima expresión se complementa con su preocupación por lo social, por todo cuanto toca la vida del hombre en la tierra. Berlanga es un poeta grande, de largo recorrido, que usa un léxico portentoso y diamantino, y su poesía, por tanto, extraordinariamente bella y lumínica, como el barrio de la Almedina representado en este poemario. 

ALFONSO BERLANGA


Con la sabiduría que le caracteriza Berlanga ha construido un discurso de belleza indiscutible, con multitud de imágenes, rítmico, con métrica de versos de arte mayor en los poemas más destacables y un estilo propio que lo diferencia y distancia, afortunadamente, de las corrientes estéticas actuales. “La casa de la Almedina” está compuesto de tres partes o bloques y una adenda. En la primera parte, “Almedina de luz” (dedicada a la memoria de Jesús Bustos, que fuera maestro y amigo del autor), el poeta fija su mirada en el propio barrio de la Almedina: sus calles, sus gitanos, su Alcazaba, su luz y sus realidades (pateros, refugiados, prostitución), su Almedina ya, como así lo expresa en estos versos:«Yo, Almedina, estirpe de canción y morería, / profundo relicario de amor y desventura, / reguero de silencios en dormidas terrazas, / mástil de mil conquistas y tules de Damasco, / esotérica imagen de tantas otredades, / desnutrido silencio que escapa sinuoso, / maldigo a quien se mofa de mi impúdica cara / y a quien sueña en mi nombre su esperpéntica risa». Pero si hay un poema determinante y contundente en verso alejandrino es, sin lugar a duda alguna, el que titula “Se fue por el camino de la noche”, que dedica a su maestro Jesús Bustos, in memoriam. Es tal el dolor del poeta que, no puede sino crear en su máxima expresión, los versos más bellos y sabios, también los más amargos: «¡Cuánto dolor tu ausencia, tus ojos luminosos, / tu estar tranquilo y dócil a pesar de los años, / tu magnánima sombra cobijando mis sueños! // No podré ya contigo compartir mis fracasos / ni los dulces paseos de palmeras y espumas, / torceré mis silencios en un mundo de absurdos / y me uniré contigo por la noche infinita». De la segunda parte “La casa de la Almedina” destacaría el poema “Zaguán”, en él Berlanga nos muestra ese otro rostro de la casa en su abisal soledad, las sombras que la habitan en el transcurrir del tiempo: «Aterido en su soledad queda el zaguán / como la casa herida y soterrada / soñando despertares de azucenas / y trinos lucernarios que de otra voz expiran». De la “Almedina de ausencias”, tercera parte del libro, fluye el amor a borbotones, vivir la ausencia de la amada y la espera de su regreso originan en el poeta una continua desazón, creciente desaliento, como el que expresa así: «Sin tu presencia vencida está la casa, / turbia de pensamientos / y de rostros ateridos, / de palabra sin esencias, / de la luz que se escapa por la altura / y del amor que, ausente tú, no existe». Pero no es verdad que no exista el amor, todo lo contrario, pervive en el poeta y el hombre y así lo declara abiertamente: «Te quiero en la totalidad de mi existencia oscura, / en todo lo que vive en mi mundo encallado, / en la fragilidad perenne que en tu ausencia es olvido». En la Adenda, dos personajes, Paco (el tapicero) y Lola (la gatuna) resumen la vida de los habitantes de la Almedina. Como conclusión y en palabras del Peñalver: «Alfonso Berlanga ha conseguido la perfección por no creer en la perfección… ha logrado ser un grandioso poeta por creer en la poesía». Irrefutable aserto.

LA CASA DE LA ALMEDINA





Título: La casa de la Almedina
Autor: Alonso Berlanga Reyes
Editorial: Alhulia (Granada, 2018)


19 mar. 2017

SON AYMARA DE ALFONSO BERLANGA por JOSÉ ANTONIO SANTANO.




Son Aymara

De la nada nace, del fulgor del blanco de la hoja, abisal la palabra se despeña en los orígenes hasta dibujar sobre la hoja los signos del aire o los sonidos de la piedra, quieta en su quietud de siglos. En el albo papel, en su candor la letra va inundando la hoja hasta subvertirla: «Subversiva es la hoja donde la palabra cree asentarse; subversiva es la palabra donde la hoja se abre a su blancura» (E.Jabès). Estas son algunas de la señas de identidad, los mimbres de esta poética tan alejada de modas y mercados, original y mistérica al mismo tiempo, poesía luminosa, que bebe de la más grande tradición lírica española para transformarse, trascendida ya, en voz única y polifónica, honda, astral, hasta crear un verdadero, mágico y particular universo poético. En este libro hallamos al poeta en esencia, alma luz que alumbra la palabra en un vuelo hacia la infinitud de lo finito y que conquista el espacio y el tiempo con su voz abarcadora y precisa, abrasadoramente humana. El poemario conforma un corpus en sí mismo, una manera de pensar el mundo, de vivirlo y sentirlo en toda su plenitud. No hay fingimiento alguno, sólo verdad, esa que el poeta modela con la arcilla del tiempo entre sus manos, en la soledad de los días y un continuo abismarse en un mar pleno de silencios, de vida. Dijo el novelista, poeta y crítico literario ya desaparecido Juan Manuel González: «El verdadero poeta escribe al dictado de su ser interior, siguiendo la voz de una dimensión que intuye siempre, y que en muy pocos instantes conoce a través del misterio acunado fuera de la lógica y la razón poética». Y así es. Alfonso Berlanga interioriza, ahonda en la oscuridad de la luz, escarba la tierra hasta encontrar la raíz del ser de las cosas, de lo humanamente misterioso o desconocido; viaja al espacio sideral y esculpe el lenguaje con tanto esmero y natural afán que el lector verá fluir un discurso poético tan extraordinariamente rico como deslumbrador. Es la “oquedad paceña” la que ilumina los actos del poeta, la ciudad de La Paz convertida así en sujeto poético, de tal manera que, consciente o no, Berlanga inicia su andadura, camina hacia un lugar recóndito y lejano, inexplorado aún pero sentido, imaginado, motivo por el que toma suyas las palabras del poeta Cavafis cuando dice: «Iré a otra tierra, hacia otro mar, y una ciudad mejor con certeza hallaré…». En su maleta lleva a buen recaudo el legado de la más grande tradición poética española y la certeza de que la riqueza lingüística de una lengua o habla común hará posible todo lo demás. De un sur bañado por el Mediterráneo al lejano sur del Altiplano americano, de las cordilleras y las llanuras amazónicas. Hasta la altura de lo inaccesible la palabra asciende lumínica para descender luego a la realidad imaginada de lo material y cercano, capaz de hacer aflorar en el poeta la voz de todos los silencios vividos. Alfonso Berlanga nos muestra una ciudad de La Paz única y diversa a la vez, detenida en el tiempo de su propia existencia, de su vital cotidianidad, en la cual sus gentes y paisaje se entremezclan en una suerte de alquimia tan original como extravagante. La fuerza de este libro se halla no sólo en los variados recursos literarios empleados, sino en la esencialidad misma del estilo, en el uso de un lenguaje tan rico como variado, pues los referentes de carácter cultural, como también del léxico propio del habla boliviana aportan singularidad y una extraordinaria riqueza a la lengua de Cervantes y al texto poético en sí mismo. Viviremos La Paz como la ha vivido el poeta, pues en ella está su alma entera, la luz de la palabra, solidaria y humanamente plena. Seremos también parte de la familia boliviana en su conjunto, de los lugares y de las tradiciones y costumbres ancestrales que el pueblo no ha querido dejar en el olvido.



 Todo ello con la brillantez propia de un poeta cuya experiencia vital siempre estuvo impregnada por la literatura, por la palabra poética. Creo no equivocarme si afirmo que, de todos los poemas incluidos en este libro, incluso de todos los versos que conforman cada poema, uno solo resume el conjunto, o si se prefiere, uno solo es la clave de este libro, y que como una letanía inacabable se repite una y otra vez hasta ser como la sangre que corre por las venas o como las aguas cristalinas de un río que cae en torrencial cascada y sólo el aire escucha su nombre: «son aymara…, son aymará». El resto está en descubrir los secretos, aprehender de lo escrito, interiorizarlo y repetir incansablemente el eco de esa voz como un temblor capaz de estallarnos en los ojos y oídos como única verdad, la verdad poética de Alfonso Berlanga. Son aymara, pues, nos invita a recorrer el camino de esa esencialidad poética, sin máscara ni disfraz alguno, encarando la realidad para transformarla trascendida ya en la palabra justa y necesaria, hasta alcanzar la más alta cima del sueño en el silencio ensordecedor de Tiahuanaku, un lugar tan sagrado como fieramente humano. Con este poemario sentirán sin duda la abarcadora “oquedad paceña” y en cada verso una sacudida electrizante, el fulgor de la palabra poética, nacida a borbotones, nutricia y polifónica de su autor, Alfonso Berlanga.


Título: Son aymara
Autor: Alfonso Berlanga
Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2017)